Llevo días con las lágrimas buscándome los ojos y un nudo en la garganta que va creciendo poco a poco, conforme se acerca la hora de que el sueño termine.

No dudo de tu victoria, Pirata, lo que siento es la pena futura de tu ausencia, pensar que dentro de nada, saldrás de mi vida para siempre. Es una locura, lo sé, pero si cada año tengo durante días esa sensación de pérdida, de ausencia, de vuelta a mi rutina y la gris vida real, este año ese sentimiento se acentúa hasta el infinito por tu "culpa". Ahora mismo, mientras te escribo, no quiero imaginar la vida sin esa ventana que me ha hecho soñar durante cuatro meses. Mucho menos sin ti, que llegaste a mi vida en un momento de ausencia, cuando una persona muy especial, había iniciado un viaje hacia lo desconocido sin billete de vuelta.

Son pequeñas historias, Pirata, derrotas cotidianas tan comunes a todos los seres humanos que resulta casi absurdo e innecesario mencionarlas. Simplemente me apetecía desnudarme un poco más pero ya paro.

Llevo meses tragando mierda (toda la que desde dentro y desde fuera han tirado sobre ti, tratando de hacerte daño) y creo que a lo largo de este tiempo, he llegado a perder la poca confianza que tenía en la bondad del ser humano. Sin embargo (aunque suene totalmente contradictorio), tu presencia, sumada a la de cientos de personas anónimas que cada día siento que se emocionan contigo de la misma forma que yo, me ha hecho darme cuenta de que aún existe cabida en este mundo para la bondad y los sentimientos puros que nacen de los corazones buenos. Me has enseñado a creer en el valor de una sonrisa sincera y he sentido más mías que nunca aquellas líneas de Sweet Jane ("But anyone who ever had a heart they wouldn't turn around and break it"), que siempre han sido para mí el mejor antídoto contra el cinismo y la desesperación.

Ahora te veo melancólico por la casa, tratando de exprimir hasta la última gota de este fascinante viaje que sabes que ya toca a su fin, rodeado de dos amigos (sí, a su particular manera, Orlando también lo es), intentando vencer esa mezcla de hastío y nudo en el estómago ante lo incierto del final del camino.

He comenzado a grabar horas y horas con imágenes tuyas. Ni siquiera discrimino. Doy al "rec" y guardo todo lo que sucede en estos días dentro de la casa. Sólo lamento no haber empezado a hacerlo antes porque no quisiera que ni un solo momento de ti pudiese caer en mi olvido con el paso de las semanas.

Y he empezado a tener un sueño loco y absurdo (¿por qué no? Una vez tuve uno y ahora está a punto de hacerse real). He imaginado como me gustaría verte salir de la casa y una escena se ha hecho real en mi cabeza: docenas de banderas piratas, llenando la oscura noche de Guadalix, haciéndote un pasillo mientras tú, el más hermoso y canalla de todos los bucaneros de los siete mares, abandonas (temeroso, sorprendido y con cara de asombro) la casa que ha sido escenario de tu mayor victoria.

Es un sueño tonto ¿verdad? Pero ¿sabes una cosa? Con mi Laura (GH8), tuve un sueño parecido (aquí la llamábamos la Reina Blanca) y ella llegó al plató en una hermosa carroza de ese mismo color. Por desgracia, ella sólo ganó nuestros corazones. Tú nos los has robado y además te llevarás la bolsa con el botín (no tengo la más mínima duda de ello).

Es curioso pensar como puedo llegar a emocionarme tanto con un ser humano. Como me puedes haber tocado tanto el alma como para hacer que sufra, llore y me alegre contigo de la forma en la que lo hago. Carencias afectivas, dirán algunos. Puro teatro, pensarán los más. Emoción de niño con el corazón aún lleno de ilusiones, afirmo yo. Por suerte, esta vida no ha conseguido arrancarme aún las ganas de amar y de sentir, ni la capacidad de empatizar de una forma brutal con otro ser humano. Eso no me hace ni mejor ni peor, pero sí que me hace diferente a muchos. Y con el paso de los años, he llegado a la conclusión de que me gusta ser como soy, a pesar de todos mis defectos.

La casa está durante horas en silencio y comparto tu agobio y tus ganas de hablar y de sentir la vida. Casi parece que soy uno contigo, cuando buscas de forma insistente a la Cría o a Orlando, tratando de sonsacarles las palabras, mientras dedican horas y horas a escribir los "discursos electorales" que forman parte de esta última prueba. Tienes el mismo defecto que yo (uno de tantos): odias el silencio, casi lo temes, como si fuese una negra sombra que te aparta de la persona que tienes al lado. Eso fue quizás lo primero que me enamoró de tí. Esa búsqueda continua en la madrugada de conversaciones que llenasen la noche, iniciándolas (muchas veces con cualquier pretexto), callándote después sin decir nada, cuando las palabras fluían de unos a otros, sintiéndote a gusto y acompañado, sólo con escuchar el sonido de las voces de los que te rodeaban. Solamente cuando la conversación decaía hasta llegar a desaparecer otra vez, buscabas como un loco la forma de iniciar otra, con esa frase tan tuya (a la que tanto cariño le tengo) que dejabas colgando en el aire, tratando de que alguien se enganchase a ella y siguiese un hilo invisible ni siquiera desmadejado. "¿Qué os iba a decir yo?", dejabas caer, casi desesperado por romper el insoportable sonido del silencio, tratando de acortar la noche, desesperado por reducir las horas oscuras y que llegase pronto el amanecer, rodeado de tus "niñas", muchas de las cuales te dejaron tristes traiciones a lo largo del camino. Por eso te duele ahora tanto Loli, porque la quisiste mucho y pudiste sentir después como ella había traicionado todo ese cariño, vendiéndolo por un capricho pasajero que ha durado menos que nada.

Sé que estoy divagando, arrastrando palabras sobre el blanco papel, lleno de nostalgia serena, esperanzado, deseando que llegue tu hora y que las luces se apaguen cuando tú salgas el último de la casa de los sueños (que diría Balzac) y al mismo tiempo, tratando de detener el reloj para que ese momento no llegue nunca. Desearía robarte el alma y atrapar todos y cada uno de tus gestos, beberme tus lágrimas, emborracharme de todas tus risas, arrojar a la Cría al jacuzzi, hacerle un par de aguadillas y disfrazarme después e ir a pedir "lo de siempre", contigo y con Orlando en una madrugada de domingo, a cambio de una canción borracha, tratando de escuchar las risas contenidas que casi puedo percibir al otro lado del espejo. Contemplarte con el corazón encogido, sólo, en el patio, mientras compartimos un cigarrillo y en los altavoces suena aquello de "Prometo ver la alegría, escarmentar de la experiencia...", que (si no fuese por ese sueño "franesco" de My Way), podría ser la banda sonora perfecta de tu salida hacia la gloria.

Sin embargo, necesito sacar fuerzas de donde ya apenas quedan, agarrar con fuerza la espada e izar la bandera de la calavera en lo más alto, sin desfallecer ni un instante, porque los tiburones aguardan sigilosos a la más mínima muestra de debilidad o flaqueza. Y no es tiempo de recuerdos ni de silencios, es hora de dejarse la piel en esta última batalla en la que sólo un exceso de confianza nos dejaría caer por el precipicio y contemplar nuestro sueño hecho añicos, roto en mil pedazos imposibles de volver a unir.

Por eso me niego a hacer nada más que no sea apretar con fuerza los puños y portar mi alfanje entre mis dientes mellados, coronado con un pañuelo oscuro y un parche negro en el ojo, riendo a carcajadas para tratar de que nadie pueda ver que (en ocasiones, cuando me olvido de la lógica), mis rodillas sienten un ligero temblor. Pero sé que ese pequeño temor, forma parte de mi absurda naturaleza, porque cuando me paro sereno y pienso, veo con claridad meridiana que, si ninguno de nosotros (ni de otros muchos miles), desfallece, la victoria será hermosa, clara, rotunda y contundente.

Así que en eso estamos. Que no cese el estruendo de los cañones y que los brazos no dejen de agitar las banderas y las espadas al viento.

PODEMOS y vamos a conseguirlo porque ninguno de nosotros se va a rendir jamás.

Buenos días a todos.